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El "trabajo en red" de los colectivos sociales

Cómo lo vemos desde RedCyL. José Emiliano Ibáñez (RedCyL, Concejo Educativo de CyL)

Como dice Manuel Castells, la red es la forma de organización más habitual de la actividad humana a pequeña escala, pero Internet ha hecho posible la coordinación del trabajo en red a gran escala sustituyendo a las cadenas de mando centralizadas. Podemos añadir que los movimientos sociales trabajan siempre en red informalmente y en los entornos localesl, y que gracias al uso crítico y creativo de Internet, estos colectivos sociales están consiguiendo un tipo de coordinación diferente a la que ha existido hasta ahora, mezclando de nuevas maneras los planos locales y globales (internacionales). El trabajo en red no supone coordinación total, pero se supera el aislacionismo; es posible la especialización, pero buscando la colaboración y la relación; la red permite la permanencia y la flexibilidad, el aprovechamiento de los recursos existentes y la creación y adaptación de otros; ... y, sobre todo, es posible la coordinación, pero sin jerarquización, sin excesiva pérdida de tiempo, sin uniformidad o paralización.

Los colectivos sociales, al trabajar en red, están favoreciendo la integración (sin asimilación ni disolución): entre temas, entre enfoques distintos,  entre lo virtual y lo presencial, entre personas y colectivos, entre generaciones, entre lo local y lo global, entre lo formal y lo informal [1].

Tal como señalan Antonio Moreno y Fernando de la Riva, el trabajo en red supone una forma de trabajar dentro de las propias organizaciones, así como la relación y cooperación entre ellas, destacándose principios como los de horizontalidad, sinergia (complementariedad-unión de fuerzas), autonomía, pertenencia participativa (la pertenencia se expresa en la participación activa, en la implicación), compromiso, etc. En el trabajo en red de los colectivos sociales, por tanto, resultan claves ideas como el que tod@s ganan, pero también el que tod@s ponen, o el que tod@s participan y tod@s lideran (de formas diferentes).

Pero no olvidemos que existen tanto la red formal como la informal. En una red formal existe una coordinación explícita, una toma de decisiones, unas responsabilidades concretas y una estructura organizativa concreta, aunque su forma de trabajo no sea exactamente la de una coordinadora clásica. En la red informal, cada colectivo y cada persona participa o no en cada momento concreto, y en la forma en que en ese momento considera conveniente. La red informal “decide” sin tomar decisiones explícitas, pues se va definiendo una dirección u otra según la participación constante de sus integrantes (si alguien se empeña en una dirección, pero casi nadie la sigue, la red ha optado en la práctica y de forma continua, sin que se haya tomado una decisión explícita). El trabajo en red puede incluir los dos tipos de redes, que pueden considerarse complementarias: es más, las redes informales, si quieren mantenerse en el tiempo buscando objetivos no puntuales, tienen que apoyarse en ciertas redes organizadas, y, por el contrario, si las redes organizadas no quieren quedarse en estructuras cerradas y/o burocráticas, necesitan estar enlazadas en redes informales abiertas y significativas.

No queremos decir que el trabajo en red no tenga sus particulares problemas. Por ejemplo, al decir “trabajo en red” no podemos olvidar que en sí no supone acción transformadora, ni tiene necesariamente un carácter crítico, sino que ello dependerá dela intención que hay detrás, así como de su puesta en práctica. También hemos dejado claro que algún tipo de estructura organizativa es necesaria, aunque ésta pueda ser más flexible, dinámica y participativa que en otros formatos más burocráticos o centralizados. Finalmente, la utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación potencia las posibilidades del trabajo en red si se integra con la actividad “real” y con el contacto presencial, pero deriva en la creación en lo puramente virtual si no es así, y en la especialización en el activismo cibernético como algo separado del mundo corpóreo. Otros peligros, no menos importantes, tienen que ver con la posibilidad de que se diluya lo que cada colectivo hace y es en el conjunto de la red, o con el cansancio que genera el sumar más trabajo al que ya tiene cada colectivo y persona. Y todo ello, sin olvidar que Internet, instrumento para el trabajo en red, presenta importantes limitaciones: acceso restringido, desigualdad social, posible individualismo, falta de presencialidad y contacto personal, etc. (al lado de importantes oportunidades en relación con coordinación interna, la difusión de contenidos, las posibilidades de participación...).

Una propuesta central: que los colectivos sociales actúen como `nodos principales´ de las redes de acciones transformadoras. Ello evitaría una excesiva difuminación o individualización del trabajo en red, así como su posible falta de objetivos transformadores, pero también superaría el hacer parcelado y desconectado de los múltiples colectivos sociales existentes. En el trabajo en red, por otro lado, se puede buscar el máximo de colaboración y de apoyo mutuo con el mínimo de burocracia y centralización: desde la autonomía, pero con la intención decidida del apoyo mutuo.

...el trabajo en red, tal como lo vamos practicando, nos va dejando claro que existen hilos comunes con los que ir tejiendo redes para la participación crítica y para la acción y la cultura transformadora...

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[1] Y, quizá, entre la acción y la reflexión, entre el corto plazo y el medio plazo, entre orientaciones más y menos radicales, entre activistas y `poco activ@s´, entre incluid@s y excluid@s, entre organizaciones de diferente tamaño y estructura....

 

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